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Jordi Sierra I Fabra

Víctor Jara (reventando los silencios)

El 16 de Setiembre de 1973, moría el cantautor Victor Jara en un pabellón deportivo de Santiago de Chile, donde se encarcelaron a miles de prisioneros durante el golpe de estado del general Pinochet, auspiciado por EE.UU. Tras masacrarle las manos a golpe de culata, le dispararon más de 30 balas. Solo pretendía cantar. Desde su publicación en 1998, este libro a recordado a las nuevas generaciones, que un día existió y que lo asesinaron por el simple hecho de cantar unas canciones por y para el pueblo.
153 trycksidor
Ursprunglig publicering
2020
Utgivningsår
2020
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Intryck

  • Yatzel Roldándelade ett intryckför 4 år sedan
    👍Värt att läsa
    🔮Oanat djup
    💡Lärde mig mycket
    🚀Sidvändare
    💧Tårdrypande

Citat

  • Yatzel Roldánhar citeratför 4 år sedan
    En lo que respecta a Víctor, como símbolo de lo que sufrió su país —que es "nuestro país", porque todos somos hijos del planeta Tierra—, siempre he pensado que cuando a un artista se le mata para que no pueda reflejar lo que ve, lo que piensa y lo que siente, es porque la barbarie ha llegado a su extremo más cruel. Por esa razón juré, un día, en el momento oportuno, contar en forma de novela la historia de Víctor Jara, aunque sabía que revisitar la historia me costaría mucho dolor, muchas lágrimas. Este año de 1998, en el 25 aniversario de su muerte, el momento ha llegado.
  • Yatzel Roldánhar citeratför 4 år sedan
    Un presidente, un cantante y un escritor, resumen la tragedia de aquel Chile violentado por las armas. El presidente Allende murió defendiendo el poder que las urnas le habían dado. Víctor Jara murió porque las canciones, lo mismo que los libros, son la mejor arma de la verdad. El tercero, el Premio Nobel de Literatura Pablo Neruda, fue la tercera víctima de aquellos hechos, aunque muriera indirectamente a causa de ellos. El 26 de septiembre, dos semanas después del golpe, su precaria salud ya no resistió lo que estaba viendo en su país y se quebró del todo a causa de la tristeza —¡qué singular es que un artista muera de tristeza!—. Su viuda, Matilde Urrutia, al ver que empeoraba, reclamó una ambulancia que los militares le negaron. No se habían atrevido a tocar al Premio Nobel, pero no quisieron ayudarle, tal vez, a sobrevivir. Neruda murió sin atención médica y a las pocas horas su casa era saqueada por soldados ignorantes y estúpidos. Sus archivos, sus originales, su obra viva, quedó destrozada, como días antes se habían organizado quemas de sus libros por parte de los militares y los ultraderechistas en todas las universidades y bibliotecas del país. Los militares las consideraban subversivas.
  • Yatzel Roldánhar citeratför 4 år sedan
    El 11 de Septiembre de 1973, muerto el presidente Salvador Allende e instaurado el toque de queda en toda la nación, los militares victoriosos prometieron "extirpar el marxismo hasta las últimas consecuencias" en Chile. Los campos de fútbol y pabellones deportivos estaban ya repletos de sospechosos que iban siendo fusilados de forma progresiva. Las "cifras oficiales" fueron de 3.197 personas muertas, más 1.198 desaparecidas. Pero durante los tres meses siguientes al golpe, se calcula que 125.000 seres humanos fueron internados en el Estadio Nacional y el Estadio Chile, amén de otros campos deportivos vallados, y que un mínimo de 15.000 personas fueron asesinadas y otras miles más "desaparecieron", aunque aún hoy no hay nada claro al respecto. De ello se encargaron los militares golpistas. La represión alcanzó inicialmente al 1,25% de la población, pero de los diez millones de chilenos según el censo de la época, llegó a decirse que uno acabó siendo víctima de la represión o acabó exiliándose en los meses inmediatos al golpe. Es decir, el 10% de la población nacional.

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