El domingo recibirás una carta mía, F., no te enfades por eso, es que cuando te escribo a tu casa no lo hago a gusto; me resultaba posible escribirte a tu casa cuando era un extraño a la familia; si ello daba lugar a que se hicieran bromas, no eran bromas bienintencionadas; hoy solo habría lugar para bromas bienintencionadas, y estas, precisamente estas, me harían daño.