Ahora, mientras el Espíritu Santo ayuda a tu flaqueza, es tiempo para que te libres de cualquier mal hábito. Despliega las velas de tu nave, pero no olvides que solo Dios puede enviar el viento para hacerla andar. Lo único que debes procurar es estar seguro de que las velas están desplegadas. No malogres el viento favorable por no haber preparado el velamen de antemano. Busca la ayuda de Dios para que seas más diligente, cuando seas hecho más fuerte en la fe; para que seas más constante en la oración cuando tengas más libertad ante el trono, y para que seas más santo en tu conversación mientras vivas más cerca de Cristo.