Los domingos, por ejemplo, Haas se dedicaba a dar la mano a todos los padres que venían al colegio. Simpatiquísimo y todo eso. Menos si un chico tenía unos padres con pinta un poco rara. Deberían haber visto cómo trataba a los padres de mi compañero de habitación. Quiero decir que si la madre de un chico era como gorda, o como hortera, o algo así, o si su padre era uno de esos tíos que llevan un traje de esos con muchas hombreras y unos zapatos horteras blancos y negros, Haas sólo les daba la mano y les echaba una sonrisita falsa y se iba a hablar como media hora con los padres de otro chico. No aguanto ese tipo de cosas. Me sacan de quicio. Me deprimen tanto que me sacan de quicio. Odiaba ese maldito Elkton Hills.