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John Fante

Espera a la primavera, Bandini

América sucumbe a la Gran Depresión. Arturo Bandini, hijo de emigrantes italianos, transita entre la infancia y la adolescencia. Su padre, Svevo, amante del vino y las mujeres, es albañil, pero en pleno invierno apenas hay trabajo y la inactividad lo desespera. Su madre, Maria, es una católica ferviente, a un tiempo sumisa y feroz. Esperando la primavera crece el joven Arturo, adolescente turbulento que intenta abrirse camino en la vida y sobrevivir cuando el padre abandona el hogar para irse a vivir con una riquísima viuda.
228 trycksidor
Ursprunglig publicering
2001
Utgivningsår
2001
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Intryck

  • elmayodelade ett intryckför 7 år sedan
    👍Värt att läsa

    No queda más que la espera entre la cólera agónica e impotente que solo es posible revertir con el amor. Amor que apresura las caricias para hacer contra peso a las carencias del mundo y del alma.

  • Miza J Gaxioladelade ett intryckför 8 år sedan
    👍Värt att läsa
    💞Full av kärlek
    😄Hysteriskt rolig
    🐼Mysig
    💧Tårdrypande

    :^)

  • Fabricio Rondondelade ett intryckför 10 månader sedan
    👍Värt att läsa

Citat

  • Brashanhar citeratför 9 år sedan
    ¿Cómo se va a pasar una Navidad feliz cuando teniendo mujer y tres hijos se sigue estando solo?
  • Haroldo Piñahar citeratför 19 timmar sedan
    El banquero propietario de la casa era uno de sus peores enemigos. El recuerdo de la cara del banquero le aceleró el corazón con ansia abrasadora de violencia. Helmer, el banquero. La hez de la tierra. De vez en cuando había tenido que ir a verle para decirle que no tenía dinero suficiente para alimentar a la familia. Helmer, pelo gris pulcramente peinado con raya, manos blandas, ojos de banquero que parecían ostras cuando Svevo Bandini le decía que no tenía dinero para pagarle el plazo de la casa. Había tenido que hacerlo muchas veces y las manos blandas de Helmer le enervaban. No podía hablar con un hombre así. Detestaba a Helmer. Le habría gustado romperle el cuello a Helmer, arrancarle el corazón y pisoteárselo con los dos pies. Pensaba en Helmer y murmuraba: Ya te cogeré, ¡ya te cogeré! No era su casa y no tenía más que rozar el pomo de la puerta para acordarse de que no era suya.
  • Haroldo Piñahar citeratför 19 timmar sedan
    La casa no se había pagado. Era su enemiga aquella casa. Tenía voz y le hablaba siempre, igual que un loro, cotorreándole lo mismo sin parar. Cada vez que sus pies despertaban crujidos en el suelo del soportal, la casa le decía con insolencia: no eres mi dueño, Svevo Bandini, y nunca seré tuya. Cada vez que rozaba el pomo de la puerta principal era lo mismo. Durante quince años la casa le había importunado y exasperado con su cretina independencia. Había ocasiones en que la quería dinamitar y reducir a escombros. Cierta vez había sido muy fuerte la provocación, la provocación de aquella casa que, semejante a una mujer, le incitaba a poseerla. Pero al cabo de trece años había acabado por cansarse y renunciar y la arrogancia de la casa había aumentado. A Svevo Bandini ya no le importaba.

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