Cuando llegaba yo, me abrazaba y se quedaba un buen rato conmigo en la antesala. Yo sabía muy bien cuánto añoraba quedarse conmigo a solas, dos horas, una tarde. Y notaba cómo palpitaba su corazón. Su pobre y atemorizado corazón. El corazón de un esclavo, al que su dueña puede estar esperando amenazadora.