Los que van hacia abajo echan para atrás el cuerpo y los que van hacia arriba lo impulsan adelante. Porque si, al descender, inclinas su peso hacia la parte delantera o, si, al ascender, lo tiras hacia atrás, esto, Lucilio, supone consentir en el tropiezo. Hacia los placeres el camino es descendente, hacia las asperezas y penalidades, ascendente: en este caso impulsemos el cuerpo adelante, en el otro echémoslo para atrás.