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Francisco Ayala

  • Chaya Ortegahar citeratför 5 månader sedan
    Medio en broma, se hablaba en ocasiones de organizar un partido de fútbol con los rojos: azules contra rojos
  • Chaya Ortegahar citeratför 5 månader sedan
    Acertó a decir: «¡No, no!», con una mueca rara sobre la sorprendida placidez del semblante, y ya se do
  • Chaya Ortegahar citeratför 5 månader sedan
    Probablemente, alguna influencia, alguna recomendación, había militado a favor de cada uno para promover la buena suerte de tan cómodo destino; pero de eso –claro está– nadie hablaba. Cumplían sus deberes, jugaban a la baraja, comentaban las noticias y rumores de guerra, y se quejaban, en verano del calor, y del frío en invierno. Bromas vulgares, siempre las mismas, eran el habitual desahogo de su alegría, de su malevolencia...
  • Chaya Ortegahar citeratför 5 månader sedan
    Ellos, como militares, admiran a Alemania y a su cretino káiser; más les valdría conocer mejor su propio oficio. Las haza
  • Chaya Ortegahar citeratför 5 månader sedan
    ñas del ejército alemán, sí, pero ¿y ellos?, ¿qué?: ¡desastre tras desastre: Cuba, Filipinas, Marruecos!
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    Pero pasaron los días y las semanas y el ejército no entró en Madrid, y siguió la guerra meses y meses, y allá se quedaron solos, la madre, en su aflicción inocente; el padre, no menos ingenuo que ella, desamparado, sin maña, el pobre, ni expedición para nada...
  • Chaya Ortegahar citeratför 5 månader sedan
    A partir de ahí, la guerra –lo que para el teniente Santolalla estaba siendo la guerra: aquella espera vacía, inútil, que al principio le trajera a la boca el sabor delicioso de remotas vacaciones y que, después, aun en sus horas más negras, había sabido conllevar hasta entonces como una más de tantas incomodidades que la vida tiene, como cualquier especie de enfermedad pasajera, una gripe, contra la que no hay sino esperar que buenamente pase– comenzó a hacérsele insufrible de todo punto.
  • Chaya Ortegahar citeratför 5 månader sedan
    En ningún instante había corrido efectivo riesgo, pese a cuanto pretendiera sugerir luego a sus compañeros relatándoles el suceso; en ningún instante.
  • Chaya Ortegahar citeratför 5 månader sedan
    Por lo tanto, lo había matado a mansalva, lo había asesinado, sencillamente, ni más ni menos que los moros aquellos que, al entrar en Toledo, degollaban a los heridos en las camas del hospital.
  • Chaya Ortegahar citeratför 5 månader sedan
    Lo cierto es –se decía– que, con la sola víctima por testigo, he asesinado a un semejante, a un hombre ni mejor ni peor que yo; a un muchacho que, como yo, quería comerse un racimo de uvas; y por ese gran
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