En las antípodas de Cotard, un experimento realizado en la Universidad de Pekín demostró que cuando se procesan pensamientos relacionados con la muerte se inhiben algunas áreas cerebrales vinculadas con emociones negativas, como para compensar el mal momento. Quizá nuestra conciencia de la muerte venga con un seguro contra todo riesgo o, al menos, contra el bajón excesivo que nos impida funcionar más o menos normalmente.