Los avances teóricos mostraban dos visiones con respecto a las causas y las soluciones del problema de la inflación. La ortodoxa o monetarista, alrededor de los programas respaldados por el FMI y aplicados en la primera parte de la década, y las heterodoxas, que aparecían como parte de la estrategia conocida luego con el nombre de «populismo macroeconómico». Estas últimas se implementaron como resultado de la desilusión de los programas ortodoxos. En ambas visiones, el rol asignado al Estado era distinto: mientras que en los programas heterodoxos el Estado intervenía en la economía, en muchos casos reemplazando al mercado, en los ortodoxos el libre mercado era la clave.